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Los patinadores que han desafiado una prohibición de 11 años en Noruega

Publicado por: Paúl Miguel Ortega González, en Jan 21, 2021

  Henning Braaten tenía nueve años y quería solo una cosa de sus padres: una patineta. Desde su casa, en 1988, podía ver a su vecino zumbando en una pista de patinaje que había montado en su jardín trasero, con una rampa apoyada contra una de las paredes de su casa. No mucho después de que las patinetas salieran a la venta en Noruega, las autoridades vieron que los niños estadounidenses que las usaban tenían accidentes de tránsito: 28 habían muerto en 1977 y 100.000 habían quedado heridos.

   Así que se anunció una prohibición, que entró en vigencia el 15 de setiembre de 1978. "El Ministerio del Ambiente dijo en ese entonces que proteger a los niños era más importante  que dejar que los grandes negocios hicieran dinero", dijo la oficina de la United Press International (Unión de Prensa Internacional) de Oslo. "Importar patinetas, venderlas o publicitar el deporte también se prohibieron con la nueva ley", contó. Braaten no tenía acceso a la red de contrabando que proveía a los skaters con sus patinetas, así que por un tiempo tuvo que vivir sin estas. Cuando era adolescente, fue a una feria de artículos de segunda mano organizada por su escuela en 1984. Deambulando entre los puestos, Wang se topó con una patineta de plástico barata, conocida por los patinadores como banana board.

   "Era una de esas patinetas antiguas de los años 70, sin lija (material que va pegado en la tabla para evitar que los pies se resbalen)", dice. "No sabía que estaba prohibido cuando la    compré".

  En ese momento, muchos adultos lo veían no solo como ilegal, sino también como antisocial, según recuerda. Afortunadamente, Wang tenía parientes en Alemania. Ahí, el skateboarding no estaba prohibido. Había muchas pistas de patinaje y más tiendas para comprar los implementos.

   En Oslo había un solo lugar, frecuentado por punks, en donde se podía comprar tablas, pero no ruedas. "Recuerdo la tensión de llegar a Noruega con dos tablas atadas a la espalda o escondidas en la maleta, esperando que los agentes de Aduanas no te revisen", recuerda Wang."Tuve discusiones interminables con mi padre por traer los materiales de contrabando", agrega.

  30 años después, todavía siente fastidio contra los políticos que introdujeron la prohibición. "Pensábamos que era una tontería que fuera ilegal", dice. "Creo que en parte se debe a que, si uno no entiende algo y no puede controlarlo, quiere prohibirlo. Es una reacción humana bastante básica".

   En otras ciudades de Noruega, los skaters montaban sus propias pistas y rampas hechas de madera contrachapada. Algunas eran pequeñas y construidas de manera rápida, pero otras sí estaban bien armadas. La mayoría estaba insertada en arbustos o en maleza.  A fines de los años 80, el cumplimiento de la norma se fue relajando gradualmente. "Cambió alrededor de 1987", dice Wang. "Se ablandaron. Se dieron cuenta de que la prohibición iba a terminar y dejaron de reprimirnos tanto".

   Las marcas se unieron a la locura, relacionando sus productos con el skateboarding. Incluso una de las editoriales de revistas más grandes del país, conocida por sus publicaciones de chismes sobre famosos, comenzó a publicar una revista sobre skateboarding. 

 

 

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