Paúl Miguel Ortega González Ingeniero de Sistemas Paúl Miguel Ortega González home page:

   Correr, montar en bicicleta, patinar... Desde el pasado 2 de mayo los amantes de estos deportes individuales han podido disfrutar de sus hobbys en la calle tras más de mes y medio de confinamiento. Pero esto no significa que se pueda hacer ejercicio al aire libre sin riesgo de contagio. Por ello, aunque no se haya indicado que sea obligatorio, desde el Ministerio de Sanidad se ha recomendado el uso de mascarillas durante la práctica deportiva, en especial para aquellos que lo hacen en zonas muy transitadas.

  Aprovechamos también para recordar que el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón, pide dejar una distancia de seguridad de cinco metros al hacer deporte. No hay que olvidar que el ejercicio, aunque sea al aire libre, es la actividad que más riesgo de contagio conlleva. Así lo han advertido los profesionales sanitarios, que alertan del efecto altamente nocivo de ir a rebufo de otro deportista, ya que es mayor la dispersión de partículas de saliva en movimiento. Además, es obligatorio practicarlo de forma individual.

   Y por ello, llevar mascarilla también marca la diferencia. El problema surge al tener que elegir una. Las quirúrgicas o higiénicas, las más usadas en el día por la mayor parte de la población a la hora de pasear o ir a hacer la compra, suelen ser de un sólo uso y demasiado finas. La forma de respirar que tenemos a la hora de realizar cualquier esfuerzo físico es mucho más intensa, lo que provoca que el tejido se desgaste y se humedezca mucho antes, generando alrededor de la cara y las fosas nasales un hábitat ideal para virus como la Covid-19, lo que se conoce como microclima facial.

   Por otro lado, están las mascarillas homologadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), las conocidas FFP2 y FFP3, que están consideradas como EPIs (Equipos de Protección Individual). Estas, a pesar de que sí están diseñadas para prevenir la entrada de cualquier microorganismo externo y son las mas seguras para evitar contagios, están fabricadas con materiales que no son lo suficientemente transpirables ni cómodos para la práctica deportiva.

Además, actualmente todos los fabricantes están centrados en abastecer al personal sanitario, algo que todavía no se ha conseguido.

MASCARILLAS DEPORTIVAS

   Una vez visto que las mascarillas sanitarias no son útiles durante el entrenamiento, y que no existe por el momento ningún modelo de FFP 2 y FFP 3 diseñado especialmente para hacer ejercicio, las de diseño deportivo pueden convertirse en nuestro gran aliado durante la desescalada. Su principal función no es la de proteger contra virus y bacterias, pero algunas de sus características pueden ayudar a evitar su entrada por las vías respiratorias cuando salgamos a la calle, aunque no aseguren una eficiencia del 100%.

- Colocación. Estas mascarillas se ajustan perfectamente tanto por debajo de la barbilla como en el puente de la nariz, por lo que no dejan ningún resquicio por el que pueda entrar el aire.

- Materiales. Todas están fabricadas con tejidos transpirables, lo que ayuda a que no se acumule la humedad en la entrada de las vías respiratorias y no se cree el conocido como microclima facial.

- Válvulas. Una mascarilla, sea del tipo que sea, siempre va a dificultar la respiración. Los modelos deportivos suelen incorporar una o dos válvulas que facilitan la entrada y la salida de aire y a su vez ayudan a reducir la humedad.

- Filtros. Aunque están pensados para impedir la entrada de agentes externos como el polen, el polvo o cualquier tipo de partícula generada por la contaminación en las grandes ciudades, sus numerosas capas pueden hacer de barrera de forma eficaz. Normalmente una de estas capas contiene carbono activo que ayuda a purificar el aire. Estos filtros están catalogados como PM 2.5, ya que impiden la entrada de partículas más peligrosas que se encuentran en la polución y que tienen un diámetro de 2.5 micras.

- Reutilizables. Estas mascarillas son fáciles de lavar y pueden usarse varias veces, aunque llegará un momento en el que haya que sustituirla (se recomienda cambiar cuando se superan las 140 horas de utilización o los seis meses si su uso ha sido medianamente regular).

   Como la mayoría son reutilizables, conviene también seguir los procesos de desinfección que propone el gabinete que dirige Salvador Illa. Puedes lavarlas con detergente normal y agua a temperatura entre 60º y 90º (el ciclo normal de la lavadora) o sumergir las mascarillas en una disolución de lejía 1:50 (20 mililitros de lejía y 980 de agua) con agua tibia durante 30 minutos. No olvides quitarles luego cualquier rastro de lejía con agua y jabón. Puedes usar también otros desinfectantes químicos (consulta la lista aquí).

   Es importante señalar de nuevo que dentro de este listado de mascarillas que se muestran a continuación ninguna está catalogada como EPI ni tienen ninguna homologación oficial de la OMS. Únicamente pueden convertirse en mecanismo de protección relativamente eficaz y cómodo que se puede adaptar a la práctica deportiva.

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